La Facultad de Derecho de la UBA es un edificio de 40 mil metros cuadrados, ubicado a unos 250 metros de Pueyrredón y Figueroa Alcorta, sobre los antiguos filtros de agua de Obras Sanitarias de la Nación. Están inscriptos más de 30 mil estudiantes. Tiene 4 bares, 6 fotocopiadoras y un ciber. Pero esto es sólo una descripción física.
Porque la Facultad de Derecho esconde otras estructuras, menos perceptibles y más significativas. Despojadas en apariencia de una intencionalidad manifiesta, recorren silenciosamente los pasillos de la Facultad aguardando el desinterés y desgano de los actores que consientan su estancamiento, la configuración de su tácita aceptación.
La constitución de un “saber derecho” como banco de información que se traspasa de manera vertical y unilateralmente, la transformación de una ciencia social dinámica en enclave de artículos de códigos y doctrinas conservadoras, el aprendizaje de un juego de conceptos relativamente limitado, impermeable y domesticado, para salvaguardar a “el derecho” de los peligros que pueda conducir la aplicación de su conocimiento de manera interdisciplinaria. Por nombrar sólo algunos.
El agotamiento de un modelo académico es sólo uno, de los niveles existentes de desintegración universitaria, que no puede desasociarse del valor casi nulo que se le asigna a nuestra carrera como motor de transformaciones sociales. Ya sea promoviendo una perspectiva crítica y de debate hacia el interior de las aulas, como un agente externo relevante al momento de aportar conocimientos y criterios, fuera de ellas.
Y uno de los engranajes que posibilita la conformación (y es sostén) de este modelo autista de universidad, es la dispersión de las voluntades que se interesan por un cambio. El sistema político universitario viene mostrando también claros síntomas de debilidad constructiva y contestataria, a partir de su incapacidad de interpelación al estudiante, consecuencia lógica debido a su concepción de éste como mero votante, como un “cliente”.
Hasta aquí lo que sucede. Una breve mención del conjunto de barreras que se interponen hacia un modelo de facultad crítica, al servicio de la sociedad que la sustenta. Pero la idea de que un solo corte, un arrebato, que dividiera de una vez y en un momento dado todas las formaciones discursivas y las prácticas inoperantes, interrumpiéndolas con un solo movimiento y reconstruyéndolas según las mismas reglas, es una idea inconcebible.
Por ello, desde la génesis de 14bis, no nos propusimos ser una agrupación más de la Facultad de Derecho, subordinando nuestros objetivos a la aceptación de estas dinámicas conocidas que no producen efecto alguno. NO. Consideramos que la rebeldía radica en buscar nuevas herramientas que permitan poner en centro de la escena estudiantil debates postergados por el tiempo y la inacción. Creemos que la organización colectiva es necesaria para interpretar y pujar por vientos de cambio en nuestra Facultad, para apostar también a un nuevo modelo de Universidad Pública, que incida en mejorar la situación social de la ciudad y del país. Te invitamos a acercarte, aportar con tu individualidad a la conformación de una estructura colectiva, a ser parte de este largo pero firme proceso de cambio.
Bienvenido. 14bis